La Longevidad

Prolongar la vida

Las secciones “La Salud” y “La Curación” hablan de preservar la buena salud de un paciente o bien constituyen terapias para el tratamiento de enfermedades. Tanto la teoría como los principios son en ambos casos de gran sencillez e involucran un tipo de entrenamiento conservador. No satisfechos con ello, muchos practicantes de Qi Gong chino investigaron una manera que no sólo les permitiera preservar la salud sino con la que a un tiempo pudieran incrementar la circulación de Qi y robustecer los órganos.

Con este enfoque algo más agresivo de la práctica de Qi Gong pretendían en cierta medida superar el curso normal de la vida. Se negaban a aceptar que la longevidad de una persona tuviera que estar necesariamente vinculada a su destino. Confiaban en que si eran capaces de entender el curso de la naturaleza (Dao) en su integridad, encontrarían un método que permitiera alargar la vida. Es este el tipo de Qi Gong comúnmente practicado tanto por budistas como por taoístas.

En más de novecientos años de investigación y estudio, los religiosos practicantes de la meditación hallaron la manera de ralentizar el proceso degenerativo de los órganos, que a la sazón constituye la piedra angular de una vida longeva. Son muchos los budistas y los taoístas que han superado los 150 años de edad. Existe un aforismo taoísta muy adecuado para ilustrar este punto y que dice así: “Ciento veinte años suponen morir muy joven”.

Infortunadamente, el entrenamiento de estas rutinas se ha transmitido en secreto y con el máximo celo entre los monasterios. No ha sido sino hasta los últimos veinte años que estas teorías y métodos de entrenamiento secretos han trascendido al mundo exterior. Parte muy importante de las prácticas útiles para prolongar la vida proceden de Qi Gong de la limpieza de médula/cerebro. La idea cardinal que sustenta esta faceta de Qi Gong enuncia que si la energía Qi circula debidamente por la médula y el cerebro, ambos órganos se mantendrán saludables y en perfecto estado de forma.

La médula ósea genera la mayoría de las células de la sangre. Las células de la sangre proporcionan la nutrición que los órganos y otras células del cuerpo precisan y, a su vez, eliminan los residuos. Cuando el torrente sanguíneo goza de buena salud y funciona a plenitud, el cuerpo entero se halla saludable y bien nutrido, pudiendo hacer frente a las enfermedades con garantías. Si la médula está limpia y sana producirá un ingente número de células sanguíneas en perfecto estado capaces de desempeñar su función con gran eficacia. El cuerpo se mantiene, pues, fuerte y vigoroso, y los órganos no degeneran.

Aunque la teoría es muy sencilla, el entrenamiento es arduo y difícil. En primera instancia, es necesario aprender a generar la energía Qi con la que llenar los ocho vasos; acto seguido, deberemos aprender a dirigirla a través de la médula ósea para así “limpiarla”. Por otra parte, con la excepción de los monjes taoístas y budistas, son escasas las personas que hayan superado los ciento cincuenta años de edad. Ello viene motivado precisamente porque se trata de procedimientos y prácticas extremadamente lentas y duras. Uno debe dotarse de una mente pura y de un estilo de vida sencillo y muy austero que propicie una concentración absoluta en las tareas propias del entrenamiento. Sin una vida pacífica la eficacia del entrenamiento estará en entredicho. Es por ello que los monjes budistas y taoístas se ocultan en las montañas. Por desgracia, esta suerte de retiro no se encuentra al alcance de la persona media.


 

Referencia:

Autor: Jwing-Ming Yang, en su libro: “Guía fácil de Qi Gong”. Barcelona, España. Ediciones Robinbook S.L., 2000.