Según Réquéna y Borrel

En esta sección le acerco la palabra de Yves Réquéna y Marie Borrel, en el que nos dan su visión del Chi Kung:

El Qi Gong

El Qi Gong es más que una simple disciplina física, es verdaderamente un arte. Esta disciplina utiliza el movimiento, la respiración y la concentración, todo perfectamente sincronizado en gestos y posturas. ¡Su origen se pierde en la noche de los tiempos…chinos! El Qi Gong es a la civilización china lo que el yoga es a la civilización india. Estas dos disciplinas son comparables en su finalidad: la realización, la salud y el desarrollo de los potenciales humanos adormecidos. El término Qi Gong significa “entrenamiento, dominio, trabajo de la energía”. Su utilización es relativamente reciente, ya que antes de 1957, se llamaba Dao Yin, lo que quiere decir “el arte de conducir la energía al interior del cuerpo”. Los que han tenido la suerte de visitar China han podido admirar por la mañana, en los parques, a gente que se dedica a prácticas extrañas, haciendo muy lentamente curiosos movimientos, amplios y aplicados. y que luego se inmovilizan un instante en unas posturas elegantes e insólitas. ¡Ellos practican Qi Gong como nosotros tomamos una ducha! Es para ellos un gesto de higiene cotidiana, pero una higiene que sobrepasa ampliamente la dimensión corporal. El Qi Gong se parece a una danza. Es una serie de movimientos enlazados efectuados con los brazos y las piernas: movimientos de apertura y de cierre, de subida y de bajada, de lazos y de arabescos…

Los miembros se mueven al ralentí, flexibles y relajados como lianas. Los dedos sueltos siguen y dibujan el gesto como plumas que acarician el aire.

La persona que es maestra de Qi Gong debe poder demostrar a la vez su arraigo a la Tierra y su conexión con el Cielo, debe moverse en un eje perfecto, sin tensión, sin rigidez. Cuando realmente sintoniza con la energía, da la impresión de que deja una huella en el aire, como si se moviera en el agua y mirándola se adivinaran las olas engendradas por sus movimientos.

La danza de la energía

Mientras ejecuta los movimientos, la persona sincroniza su respiración. La mayoría del tiempo, cuando su cuerpo se estira hacia arriba, sus brazos se elevan o hace el gesto de atraer hacia sí, hay inspiración. Cuando su cuerpo empieza un movimiento de bajada, se inclina, sus brazos se cierran o hace el gesto de alejar, hay espiración. Esta respiración está acompañada de una visualización. A la vez relajada y concentrada, evocando mentalmente las imágenes o las sensaciones, la persona ayuda a su energía a entrar, a interiorizarse, a subir durante la inspiración, luego a salir, a exteriorizarse, a bajar durante la espiración.

Si esta danza energética es perceptible desde el exterior, incluso para un ojo no advertido, es que la persona posee un buen nivel de práctica, es que se acerca a la perfección del gesto, al dominio de la respiración, de la atención justa, del sentir sutil de la energía. ¡Imposible hacer trampas con el Qi Gong: se ve inmediatamente a simple vista! Por esta razón se califica al Qi Gong como arte energético.

El Qi Gong no es un deporte. Es más bien un antideporte: no existe ningún espíritu de competición, ni con los demás, ni con uno mismo. En vez de sobrecargar las funciones corporales, como lo hace la actividad deportiva, la práctica del Qi Gong relaja los movimientos del corazón y la respiración. Su meta verdadera no es el movimiento, ni lo que éste puede aportar en el plano muscular o articular. La verdadera meta del Qi Gong es la energía misma. Su objetivo último es la percepción concreta de la circulación de la energía en el interior del cuerpo. De allí deriva su actividad terapéutica: con ejercicios apropiados, se pueden corregir desequilibrios energéticos y, verdaderamente, sanar por el gesto.

Una conexión directa con las estrellas

El Qi Gong postula que el hombre encuentra su lugar entre la Tierra y el Cielo. Cuando uno lo practica, empieza por aprender que el cuerpo es permeable. Luego percibe esta permeabilidad y, poco a poco, logra amaestrarla. La sensación de ósmosis y de intercambio con el medio exterior se intensifica. Uno siente que puede captar las energías de la Tierra, de los árboles o de los ríos, como las del cielo, del Sol, de la Luna o de las estrellas. La inspiración sirve para absorber todas estas energías que vienen de la naturaleza, para nutrir la del cuerpo, mientras que la espiración evacua las energías usadas. La práctica del Qi Gong logra una purificación interior, como una ducha de energía. Después de una sesión, uno se siente interiormente limpio, límpido, ligero…¡Un poco como se siente uno después de una buena ducha! El cuerpo parece menos denso pero más sutil, vibrante, luminoso, chispeante, vivo, como después de un baño de sol. Cuanto más tranquilo esté el espíritu, mejor se percibe la energía, tanto la que circula en el interior del cuerpo como la que anima el mundo exterior, más tranquilo se encuentra el espíritu. Por esta razón, la práctica del Qi Gong regula la circulación de la energía y también calma las agitaciones de la mente. Poco a poco, se llega a poner una distancia entre uno mismo y las propias emociones. Uno se siente cada vez menos esclavo de sí mismo. El espíritu ya no se siente torturado, agitado, como una veleta que gira sin meta a todos los vientos, pasando de una impresión a una emoción, de una emoción a un pensamiento…

Una educación de la mente

Cuando se encuentra en movimiento, uno no siente aburrimiento manteniéndose atento, concentrado durante varios minutos, uno no se cansa como lo haría en la inmovilidad. Al contrario: es un verdadero entrenamiento del espíritu que se hace más perceptivo, aguzado…Uno acaba sintiendo el menor cambio en su interior. También se siente más fuerte porque no está sumergido en las propias emociones: puede dominarlas, alejarlas o acompañarlas según su deseo. Por último, la práctica del Qi Gong desarrolla las capacidades extrasensoriales generalmente durante el sueño, como la intuición. El Qi Gong constituye entonces una herramienta cotidiana de bienestar que nos hace menos sensibles al estrés físico y emocional y nos ayuda a controlar las reacciones del cuerpo. Uno mismo puede calmar un dolor espasmódico, una crisis de taquicardia, un subida de angustia, el insomnio…Mejor: nos enseña a mantenernos conscientes de lo que le pasa a nuestro cuerpo a cada instante, en todas las situaciones, sea cual sea nuestro grado de actividad. Centrados de esta manera, es más fácil cultivar la atención justa y aportar la respuesta más adecuada a cada situación, sabiendo tener en cuenta todos los factores: nos ayuda a desarrollar nuestro propio arte de vivir y de comunicar.

Chi Kung Yves Réquéna
Yves Réquéna
Chi Kung Marie Borrel
Marie Borrel

 

Referencia:

Autor: Yves Réquéna y Marie Borrel, en su libro: “Medicina China”. Buenos Aires, Argentina. Ediciones Robinbook S.L., 2001.